
Una excelente manera de explorar la impresionante naturaleza de Ecuador es a lomos de un caballo. Puede que haya un pequeño inconveniente: algunas personas (como yo, por ejemplo) no somos jinetes experimentados. Podemos tener ciertas dificultades para confiar plenamente en un animal que nos duplica en tamaño. Pero no se preocupe, yo sobreviví… y usted también lo hará.
Montar a caballo en el Parque Nacional Cotopaxi.
Hace unas semanas, mis colegas y yo visitamos una hermosa hacienda cerca del Parque Nacional Cotopaxi, llamada Hacienda El Porvenir. Una de las principales actividades que se puede realizar allí es montar a caballo. Después de mi última experiencia montando en Argentina, que fue devastadora y vergonzosa, hace casi dos años, no estaba muy entusiasmado por volver a subirme a un caballo. Pero debo admitir que, desde el principio, los caballos me dieron una muy buena impresión. Se veían sanos, bien cuidados y no eran demasiado grandes. Para mi sorpresa, logré montar al caballo en el primer intento.
La ropa tradicional y abrigada que le proporcionan le protege del frío que a veces se siente en las alturas. Aunque realmente son muy cálidas, uno se siente (y se ve) como si pudiera haber protagonizado una película de Star Wars en una versión de Chewbacca.

De todas formas, definitivamente puedo recomendarle el tour a caballo en esta zona increíble. Usted puede decidir si desea montar por 1, 2 o 6 horas, o incluso durante varios días. Junto con un guía, recorrerá el páramo —el paisaje típico de los Andes ecuatorianos— hasta llegar a un mirador desde donde se obtiene una vista impresionante del Cotopaxi, el volcán activo más alto del mundo. Al menos, si logra que su caballo se detenga en el momento y lugar adecuados, podrá disfrutar de la inmensidad y tranquilidad del Parque Nacional.
Haga el recorrido en la mañana, cuando las probabilidades de ver la cumbre son mayores. Además del Cotopaxi, también podrá observar otros volcanes en el trayecto, como el Sincholagua, el Rumiñahui y, si el clima lo permite, el Cayambe a lo lejos. Cuando sus caballos —ya casi sus mejores amigos— lo lleven de regreso a la Hacienda, le servirán un delicioso canelazo. Brinde por haber sobrevivido, por los fieles caballos, por un día exitoso y por la hermosa naturaleza del Ecuador.

Si después de esta experiencia aún no ha tenido suficiente de montar a caballo, existen muchas más posibilidades para seguir explorando este hermoso país sobre el lomo de un corcel. Descubra, por ejemplo, las opciones que ofrece el cráter del Pululahua o el majestuoso volcán Antisana. Y si en algún momento se cansa de cabalgar, simplemente continúe su viaje a pie: una experiencia al menos igual de asombrosa que hacerlo a caballo.